En la mitología griega, Lamia era una reina de Libia a la que Zeus amó, hija de Poseidón o Belo y Libia. Hera la transformó en un monstruo y mató a sus hijos (o, en otras versiones, mató a sus hijos y fue la pena lo que la transformó en monstruo). Lamia fue condenada a no poder cerrar sus ojos de tal forma que siempre estuviera obsesionada con la imagen de sus hijos muertos. Zeus le otorgó el don de poder extraerse los ojos para así descansar, y volver a ponérselos luego. Lamia sentía envidia de las otras madres y devoraba a sus hijos. Tenía el cuerpo de una serpiente y los pechos y la cabeza de una mujer. Solía ser femenina, pero ocasionalmente se la consideraba masculina o hermafrodita.
Su nombre es complicado en su etimología, se relaciona con lámyros, glotón, y laimos, gaznate, gañote.
En su Diccionario, Lempriere opina que Lamia es el modelo para los lamiae —pequeños monstruos africanos cuyos siseos son agradables pero que mataban a los niños— y que éstos son actualmente llamados lémures.
En tiempos históricos las madres solían amenazar a sus hijos traviesos con esta historia. John Keats escribió sobre Lamia en Lamia y otros poemas, que estaba basado en Anatomía de la melancolía de Robert Burton.
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